10.4.11

Palabras conectadas. Oraciones sueltas.

Una moneda sobre mi almohada. Se cae la birome y temo despertar a alguien. Todos duermen. Bueno, no todos. Casi.
Los pies congelados, las uñas sin pintar. Y busco un abrigo. Me dijeron que hoy era noche de tormenta.
Siento una contractura en el cuello, y me doy cuenta que siempre está tenso, no entiendo por qué.


Tic tic, tac tac. Escucho el sonido de dos relojes, que marcan las 03:08 a.m.
También escucho lejos a los autos, algún que otro avión, y cada tanto algunos suspiros.
Velocidad, un ladrido y voces en la calle. Voces que se despiertan.
Un paso, y un renglón. Y sigue el tic tac a dúo.
Mi piel conserva un aroma especial, mi estómago está bastante vacío. El tiempo pasó rápido, y todo lo que me dicen, parece el guión de una película.

Debe ser por mi alma en silencio.

Hay voces ebrias afuera, voces sobrias en mi cabeza. Y al salir de la habitación me dicen loca. No respondo. Es que todos tenemos un pedacito de locura!
Escucho golpes, pero parecen ser nada.
Pienso en alguien que no me piensa. Compruebo una desilución, para no mantener una imaginaria intriga.
Me veo caminando. La ruta es larga y hay sol. Hay gente que me habla y se va. Hay personas que me hablan, las ignoro, pero insisten. Hay personas que se acercan y caminan conmigo. Y nos contagiamos las sonrisas. Quedamos inmersos en esa locura alegre de la que hablaba antes.
Ahora me cuesta pensar, culpo al sueño.
Ya no hay nada sobre mi almohada. La birome está en mi mano y temo despertar a alguien. Todos duermen, y ahora yo también.


Sabri. 
[24.03.2011]

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